LA ALARMANTE INMINENCIA DEL MUNDO ALUCINANTE

 


 


LA ALARMANTE INMINENCIA DEL MUNDO ALUCINANTE

 El personaje, las Elecciones Perú 2021 y la amenaza a la razón y progreso de una nación


La obra que durante años le ocasionó persecución y prisión al gran escritor cubano Reinaldo Arenas (1943-1990) en su propio país, representa una curiosa proyección desde el imaginario de las páginas del libro, al mundo real y miserable que le tocó vivir al autor desde la salida clandestina y la publicación, con inmenso éxito, de su obra en el extranjero.

“El Mundo Alucinante” (1966), una de las obras narrativas de Hispanoamérica más famosas y extendidas, se enmarca precisamente en una crítica de toda ideología represiva; y evoca, para la actualidad, un aura muy particular, debido a que, el mundo alucinante donde le tocó vivir a fray Servando Teresa de Mier, condenado y perseguido por el poder, lo vivió en carne propia el autor, bajo el criminal régimen castrista, eventualmente a raíz de esta obra, y que, con irresistible evocación, parece querer establecerse en el Perú, en razón de las muy particulares elecciones presidenciales venideras.    

Tal proyección del imaginario del libro, se actualiza y se pretende instaurar (aunque sea temporalmente) en la sociedad peruana a partir del 28 de Julio del 2021, en virtud de la baraja de candidatos que en esta oportunidad pretenden gobernar el Perú. Pero, sobre todo, tal proyección del mundo alucinante de Arenas parece hacerse cercano y tangible en la actualidad debido a un personaje, en el peor de los sentidos, muy extraño y particular como lo es el autoflagelado, matón de ventana y evasor patológico Rafael López Aliaga (RLA).

El personaje llegó hacia nosotros como una ola apocalíptica particularmente turbia que amenaza con arrasar y destruir todo vestigio de libertad y de toda vida futura de los individuos libres y de una sociedad democrática, madura y encaminada hacia el progreso. Tal vez sin proponérselo (porque él vive en ese mundo de manera natural) RLA nos ofrece el mundo alucinante de sus fantasías, alucinaciones y sus miserias, cuya asombrosa particularidad, por concepto, se basa en nuestra capacidad de indignación ante la inminente degradación progresiva de la sociedad en su conjunto bajo su gobierno.

¿Cómo definir a un personaje tan oscuro como Rafael López aliaga?, ¿Cómo explicar algo tan aparentemente sencillo y evidente como su comprobada pobreza humana? Tal vez no haría falta exponer tal evidencia si no fuera por el peligro de la real cercanía del mundo alucinante que nos propone, sobre todo debido a que no son pocos sus seguidores (nunca mejor dicho), los cuales funcionan como una suerte de empuje servicial y oportuno, y que conforman la masa ciega, útil y necesaria para todo candidato que aspira llegar al máximo poder político de una nación; y a quienes, no cabe duda, dejará en el olvido una vez conseguido dicho poder, que, sumados al poder económico que ostenta y al poder de su egolatría personal que se alucina y al que ciertamente está acostumbrado, lograría así completar finalmente el tridente demoníaco de poder al que aspira.

 

EL PERSONAJE RAFAEL      

Particularmente, lo que más nos llama la atención de un personaje como RLA, son sus posturas religiosas extremistas hasta las últimas fronteras. Como sabemos, los clásicos mitos y leyendas, génesis de su ideología religiosa exacerbada, forman parte del imaginario colectivo mayoritario de esta nación, lo cual, aunque no podemos decir que conlleva una completa inocencia aparente, tampoco podemos cargarla de completa culpa, debido a que RLA toma tal ideología y la lleva a unos extremos alucinantes que lo ubican en terrenos no sólo fuera de alguna razón que aún podría tener tal ideología, sino además fuera también, paradójicamente, de lo opuesto de la razón, y que es la que la mantiene vigente: la fe.  

La naturalidad y el escalofriante orgullo que expone cuando confiesa este modo de vida, como la autoflagelación ante placeres carnales naturales, sus desviados enamoramientos, la sentida presencia de lo divino “mientras me dura la digestión” (después de comulgar), y otras perlas igual de espeluznantes, no solo nos confirma la extrema imperfección del hombre, sino que, además, y debido a la masa de gente que lo sigue y le cree (depurando aquellos motivados por intereses puramente terrenales), que ciertas sociedades están en un claro y vertiginoso camino de involución.

Si RLA, es un convencido de lo que expone y vive en esta materia, también es lógico pensar (o al menos sospechar, lo cual es suficiente) que es lo que quiere para el futuro de su país y de la sociedad donde se desenvuelve. Allí, algún atisbo de sentimiento de pena y hasta compasión humana que pueda evocar este personaje, desaparece y enciende todas las alertas, sobre todo porque las formas cómo pretende instaurar tales alucinaciones son efectivamente las únicas y las históricamente eficientes en este sentido, y son además las favoritas de este personaje: la del autoritarismo primero, pasando por la violencia institucionalizada después, hasta llegar al establecimiento de un fascismo que creíamos, ingenuamente, ya desfasado históricamente.

Cualquier persona con un mínimo de sentido de aguda visión puede identificar las formas y fondos del personaje RLA. En cada declaración, en cada entrevista periodística o en cada frase o palabra que vomita sin pudor (es decir, cada vez que abre la boca), deja en evidencia, primero, su alucinante manera de pensar más íntima, y luego sus formas autoritarias, prepotentes, irrespetuosas, ofensivas y matonescas de ponerlas en práctica ahora en nuestra sociedad.    

El personaje RLA cree, practica e impone la verticalidad como forma de relacionarse con su entorno. El cierto anonimato como empresario que practica el más puro mercantilismo como forma única y eficiente de hacer dinero, no era suficiente para este personaje. Como es lógico, en este camino hacia la riqueza económica, ha pisado a su paso varias cabezas, muchas vidas (sobre todo en la clase trabajadora) y muchas enemistades derrotadas por su poder, el cual le llegó del cielo desde la época de los ’90, y del cual se aferra, acostumbrado a él y viéndolo como el arma mas poderosa para llegar a gobernar nuestra nación.

Como es natural en este tipo de personajes, tampoco duda, en el camino hacia su “éxito” empresarial, arrimarse, arrejuntarse y algunas veces tomarse de la mano con el diablo. La corrupción y el zurrarse en las leyes no le hace asco al personaje RLA. Al final de cuentas, el poder lo es todo. El diablo es subjetivo para él, algunas veces hay que ceder a sus encantos, para fines, aunque muy terrenales, también muy efectivos para tiempos recios como los actuales, y sobre todo para completar el tridente del poder, materializado en su presente postulación a primer mandatario de esta nación. Las investigaciones periodísticas e investigaciones fiscales sobre contratos sospechosos, monopolios, lavado de activos y evasión de impuestos, los cuales son hartamente difundidos en los medios de comunicación, y que no vamos a repetir aquí, exponen al personaje como efectivamente terrenal, contradiciendo a sus aspiraciones y alucinaciones personales de autopercepción, y ubicándolo como uno más en la masa de personajes coyunturales y felizmente prescindibles para una sociedad que aspira a ser finalmente seria, madura y encaminada hacia el progreso como nación.

Su razonamiento, la forma de hilar sus ideas y también de gestar las mismas (como en el caso de su entendimiento de la eutanasia), son preocupantes y hasta alarmantes para quien pretende gobernar una nación. La mediocridad y la resaltante limitación de su racionalidad, no parecen dignos de alguien con su educación. No esperamos que sea una lumbrera, pero tampoco que se ubique en la orilla opuesta. Para el personaje RLA no hay intermedios, lamentablemente él se ubica, no solo en el lado incorrecto de la historia, sino en la orilla de los desechables con urgencia, de los que serán manchas minúsculas y molestas en la historia, pero también, de los que ostentan un gran peligro y una gran tragedia si no nos deshacemos oportunamente y para siempre de ellos en las urnas.

Es comprensible que para algunos la hoja de vida del personaje RLA pueda parecer digna de todo tipo de elogios y admiración posterior, pero, una vez subimos algunos escalones y vemos mejor la perspectiva real del asunto, nos podemos dar cuenta que efectivamente no es digno de alabanzas ni mucho menos factor de definición al momento de marcar nuestro voto en las urnas para un cargo de máxima responsabilidad, seriedad, preparación, inteligencia y humanidad. Lo que se podría rescatar y resaltar, no son sus estudios superiores, los cuales no sobresalen de otros muchos personajes ni demuestran una sobresaliente intelectualidad (muy evidente por cierto cada vez que abre la boca), ni su trayectoria profesional de corta longitud y sustancia, si no, su innegable habilidad mercantilista y de fábrica de billetes, (claro, mediante los mecanismos oscuros y al margen de la ley), la cual cree, en su muy limitada racionalidad, suficiente para gobernar un país tan complejo como el Perú, o en general cualquier nación en libertad y democracia.

 

RAFAEL Y LA POLÍTICA

En política, al personaje RLA no es fácil ubicar en alguna tendencia establecida. Es que, su natural tendencia hacia los extremismos, en el peor de sus conceptos, hace confusa cualquier tendencia oficial. Si bien se autocalifica políticamente hacia una orientación socialcristiana y conservadora, y con tendencia filosófica hacia el pragmatismo, a cada uno los lleva a tal extremo que se hacen borrosos e ininteligibles los conceptos que definen a tales tendencias. Por una parte, la orientación conservadora que enarbola para sí mismo, pierde sentido cuando expone abiertamente su desprecio hacia ciertos derechos humanos en cada declaración, entrevista o exposición de sus planteamientos. Su ubicación en el pragmatismo tampoco tendría mayor sentido, debido a que es claro en su pensamiento un único camino que es de la teoría a la práctica, sin alguna retroalimentación urgente, soslayando descaradamente algún tipo de reflexión sesuda que, por otra parte, no se atrevería a practicar, ya que, como es evidente, su nivel intelectual no alcanzaría nunca para la elaboración correcta de tan necesario ejercicio intelectual. Es decir, la práctica inteligente propia del pragmatismo no existe en todo el accionar del personaje.

Además, cuando confiesa sin atisbo de rubor sus modos y formas de expresar su entrega a su divino superior, se puede advertir su aspiración de convertir a la nación en una suerte de territorio aislado y consagrado a sus alucinaciones, una vez logre el poder político que anhela. Dicha aspiración, sabemos con convicción, que solo puede lograrlo mediante la manera a la que está acostumbrado y la que más resultados le ha dado: el fascismo desempolvado y relucido por su voluntad.

La carrera política del personaje RLA, no alcanzaría ni de lejos, si viviéramos en un país maduro, para ejercer cargos públicos de gran exigencia y responsabilidad como lo es el ser el primer mandatario de la nación. Desde sus inicios como Regidor de la Municipalidad Metropolitana de Lima en el 2007, pasando por su fracaso en la postulación al Congreso en el 2011 y el rotundo fracaso de su partido en las postulaciones del 2020, podríamos decir que evidentemente no agrupa los méritos mínimos y necesarios para, este año 2021, postular al mas alto cargo de la nación. Pero el personaje de RLA sabe muy bien en qué país se desenvuelve, y sabe también la complejidad de los tiempos actuales, por lo tanto, no es de extrañar que lo veamos muy suelto y confiado en llegar a completar el tridente demoníaco de poder que tanto anhela.

Así como maneja muy hábilmente la actividad mercantilista, también maneja hábilmente una maquinaria impresionante de gente que aún sin exponerse, demuestra una pobreza moral, intelectual y humana, tan asquerosa que, una vez más, sobrepasa toda definición establecida, y cruza sin saltos pudorosos toda línea fronteriza de la lógica y la razón hacia la alucinante mediocridad y miseria humana. Esto se evidencia en el especial ahínco para la realización de las tareas encomendadas, las cuales se tratan básicamente en mentir patológicamente, difamar, insultar, agredir, desprestigiar, tergiversar y falsear información y a final de cuentas, destruir con mentiras a cuanto contrincante, opositor o simplemente pensador se interponga en su nefasto camino. El poder económico que acumuló a través de los años, hace posible fácilmente el reclutamiento, la gestación de los recursos, la elaboración y la divulgación de la basura que fabrica.

Es claro que las propuestas que expone el personaje RLA tan abrumadoramente demagógicas y populistas, además de insostenibles, encajarían en un pensamiento muy básico y primario, como para el inicio de una dialéctica necesaria hacia una exhaustiva depuración, y tras el largo camino a recorrer, lograr finalmente un documento lleno de ideas sólidas y maduras. Pero para el personaje RLA esto no es necesario, y se conforma con presentar un Plan de Gobierno de 26 páginas sin contenido ni sustancia, lleno, eso sí, de recetas y planteamientos para la instauración del mundo alucinante que sueña. Más expositivas y más representativas son sus propuestas de 35 medidas para los 100 primeros días. Aquí se puede dilucidar al tipo de personaje del que nos ocupamos. Propuesta que van desde la promesa sin sustento de hacer del Perú una potencia mundial a corto plazo hasta la eliminación de todo tipo de enfoque de género que tanta falta nos hace como sociedad, transitando por las propuestas de traslado de la capital y todos los ministerios, la construcción de hospitales en todos los distritos, las promesas de trenes, aeropuertos, irrigaciones, flotas de marina mercante nacional privada, eliminación y fusiones de ministerios, disolución de todos los programas sociales, políticas peligrosas ante el Covid, en general, soluciones extremadamente demagógicas, populistas y finalmente peligrosas, enmarcadas en alucinaciones conspirativas que se trasladarían desde su cerebro limitado hacia políticas públicas que guiarían el destino de la nación.

Su entorno político es punto aparte de cualquier disertación. En el mundo alucinante del personaje RLA, hay sitio para algunos más; él no está solo. El séquito que lo acompaña hacia el poder, tanto en su plancha como para el Congreso, no muestra una heterogeneidad entretenida. Son más de lo mismo en cuanto al razonamiento alucinante de RLA, pero con menos revoluciones. Además de una que otra candidata (la pantomima de rechazo de RLA sobre estas candidatas, insulta hasta la inteligencia más limitada) cuyos discursos, además asesinar a la razón pura, tienen a la mujer como su víctima preferida, además de por supuesto a los derechos básicos de la libertad de hombres y mujeres en todo sentido, no encontramos alguno que pueda sobresalir por su diversidad o calidad. Un grupete reciclado, sin valor ni solidez individual, con la misma sotánica calidad intelectual y moral que su jefe, pero sí con una firme convicción hacia el retroceso y la involución como forma de vida y de visión de país presente y futuro, cuyas formas son, una vez más, las mismas de las de su líder: la matonería de ventana, el autoritarismo radical y la mediocridad pura.

El personaje RLA es huérfano de doctrina, y adicto a las contradicciones flagrantes, como lo correspondiente al apoyo a la SUNEDU y sobre la permanencia en el Pacto de San José entre otros. Su modus operandi político y personal es la mentira y la violencia, verbal, pasivo-agresiva y vulgar. Así de básico es el personaje. Sus ambiciones políticas deben cortarse de raíz. Hemos dejado pasivamente que avance y se haga notar en el espectro político de la nación. Pero ahora, basta con dos minutos de su elocuencia y verborrea matonesca e insustancial, para darnos cuenta del peligro inminente del mundo alucinante que nos quiere imponer. Si bien, el electorado peruano no se caracteriza precisamente por elegir con raciocinio maduro, esta ocasión, en estas elecciones, hemos sido testigos de cómo se ha sobrepasado todo límite de la razón y la cordura, encaminados de la mano del personaje RLA, hacia un verdadero y nunca tan cercano desastre nacional, tal vez irreversible. 

 

RAFAEL Y LAS MASAS

La habilidad del personaje RLA para engañar y manipular a las masas, es también un punto fuerte de su campaña. Esto no es novedad en un país como el nuestro. Ya hemos tenido presidentes completamente vacíos de propuestas serias y de calidad moral e intelectual, que han sabido también aprovechar las coyunturas para sobreponerse por sobre todos sus contrincantes electorales.

Separemos a aquellos que, por simple afinidad ideológica, con distintos niveles de alucinación, encontraron en el personaje RLA una especie de guía, de mesías venido menos o de carne de cañón para la puesta en práctica de sus más íntimos anhelos. Y es que estos personajes viven en el mismo mundo alucinante, pero en sus márgenes y con sus propios matices, donde el personaje RLA es el autoproclamado centro por voluntad propia. Ya serán los profesionales de la mente humana los que con más propiedad se ocupen de estos habitantes.

La masa, la que en toda circunstancia y en última instancia decide el futuro de las naciones, es poderosa, es definitoria. Es por eso que se la necesita imperiosamente. El poder lo sabe, y ofrece toda su maquinaria para, la llegada primero, el convencimiento después, y finalmente el reclutamiento con características religiosas de fanatismo. Para tal fin hace uso del poder económico que lo caracteriza, lo cual es suficiente para la fabricación y la divulgación eficiente de sus mentiras, ataques, insultos y desinformaciones. En esta tarea, el personaje RLA juega en las dos caras de la moneda, por un lado, la violencia y la imposición violenta, simple y vulgar de su visión alucinante del mundo, y por otro, maneja eficientemente el mecanismo muy actual de convencer y reclutar a las masas: la posverdad.

No hay mejor herramienta para echar andar la mayor maquinaria de la posverdad que el billete a discreción. Los medios como vehículo hacia largas distancias de manera fluida perfecta, sobre todo en los tiempos de tecnologías a rápida disposición, se alimentan de ese insumo, y complementan la maquinaria. La posverdad es muy eficiente en estos terrenos. Es decir, el poder diseña y fabrica los formatos de pensamiento, hace uso de los recursos, y logra establecer en la masa los consensos necesarios y direccionados por ellos mismos, normalizando así un tipo de pensamiento sembrado en las masas mediante el exaltamiento de los estados de ánimo de la gente. El personaje RLA, ubicado ahora en este puesto de poder, ha demostrado cierta eficiencia en estas oscuras mañas. Promueve una falsa resistencia contra los alucinados fantasmas que el mismo crea, como el de una histórica y constante conspiración de la que siempre somos víctimas; promueve muy convenientemente conceptos todavía abiertos a una urgente desconstrucción, como el ya caduco nacionalismo, la religión y la muchas veces peligrosa tradición, generando así los consensos tan anhelados para la perfecta manipulación de masas.

Es muy eficiente esta maquinaria. Eficiente y universal, de la que sólo podemos salir mediante una genuina convicción propia de libertad, honorabilidad, coherencia y humanidad. El Perú, la sociedad peruana, no posee esta convicción. Aunque algunas veces pareciera que sí, como lo demostrado durante las marchas de noviembre del 2020 en contra de un Congreso y de un personaje golpista y mediocre, vemos con total pesimismo, ante la subida en las encuestas un personaje como RLA, que aún nos falta demasiado para llegar a ser una sociedad seria.

La manipulación mediante el engaño, el oportunismo para la ubicarse en el terreno de las masas, la habilidad para desenvolverse en el nivel de entendimiento de las masas, es muy común. Solo que este caso, el poder económico del personaje RLA le da evidente ventaja para echar andar la maquinaria de manera más eficiente y rápida. Hemos sido testigos de cómo la posverdad puede llegar a devorarse con cierta facilidad desde al más iletrado y común de los ciudadanos, hasta al que creíamos había abandonado ya cierta ignorancia mediante una educación superior de alto nivel. El personaje RLA ha expuesto y confirmado esta desgraciada realidad en solo unas cuantas semanas de campaña.          

La psicología de las masas, se hace relevante y oportuna en la presente realidad social peruana. El psicólogo social francés Gustave Le Bon sentencia:

"La masa es siempre intelectualmente inferior al hombre aislado. Pero, desde el punto de vista de los sentimientos y de los actos que los sentimientos provocan, puede, según las circunstancias, ser mejor o peor. Todo depende del modo en que sea sugestionada".

La masa ejerce su poder sobre el individuo. Anula su individualismo y dirige sus accionar, subordinándose así al grupo, a la masa, la cual sigue una dirección preestablecida por los grupos de poder. Solo así puedo llegar al inicio de un entendimiento de lo que sucede con el individuo cuando ingresa en el escenario un personaje como RLA, a todas luces nefasto, oscuro, incoherente, bárbaro, anodino, obtuso y extremadamente limitado, con gran facilidad para la práctica de la misoginia, el prejuicio, la matonería, la soberbia, la violencia y la pedantería sin contenido; y comienza su transformación de dicho individuo hacia la involución de su razonamiento general, y comienza a seguir al personaje, obnubilado y convencido de esa posverdad. Ese el mundo alucinante del personaje RLA. Y las masas que lo acompañan, sin importar las distancias desde donde lo hagan, son el fiel reflejo de nuestra aún inmadura sociedad y nuestro aún inacabado y frágil concepto de nación.

 

El mundo alucinante del personaje Rafael López Aliaga no es cosa de juego. La sonrisa burlesca que se nos pueda dibujar en el rostro ante la imagen y ciertas palabras de este personaje, se convierte en irresponsabilidad trágica, si dejamos que un personaje como este llegue al nivel protagónico que pretende. La imagen de señorón rancio y caduco, cuya arrogancia y prepotencia se descubren abiertamente en cualquier gesto de su rostro desde una sonrisa hasta algún gesto de enojo, y cuya alucinada y autopercibida omnipotencia configura su personalidad finalmente peligrosa, debe quedar condenada al olvido histórico de nuestra nación. Tal vez el celibato y la mortificación, los cuales los practica desde lo diecinueve años como el mismo declara, hayan dejado en él graves e irreversibles secuelas en su maquinaria cerebral y en su catadura moral. Aunque su grotesca y estropeada figura de hombre pueda causarnos cierto inmediato rechazo estomacal, no debemos quedarnos en la náusea, y, recuperándonos de la primera impresión, retomar el sentido común, completamente ausente en él, y avocarnos en la tarea de limpiar nuestra sociedad de tales personajes que enarbolan un conservadurismo extremo y radical, con un discurso basado en el atropello a los derechos básicos del hombre y la mujer. Esta tarea se completará en el único lugar y con la única arma poderosa con la que contamos los ciudadanos bien nacidos de esta nación: las urnas.

 

César G. A.

Lima, marzo 2021


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